El mercado de trabajo en la Argentina atraviesa una etapa de estabilización moderada tras varios trimestres de volatilidad. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tasa de empleo urbano alcanzó el 44,1% en el segundo trimestre de 2025, apenas por encima del 43,8% registrado el año anterior. Sin embargo, los indicadores de calidad laboral y productividad muestran diferencias marcadas entre regiones y sectores.

El empleo formal privado creció un 1,5% interanual, impulsado por la industria manufacturera, el sector tecnológico y los servicios empresariales. En contraste, el empleo público y el trabajo informal permanecen estancados, representando aún cerca del 45% del total de ocupados. Esta composición del mercado laboral refleja la persistente debilidad estructural en la generación de puestos de trabajo sostenibles y de alta productividad.

Las brechas salariales continúan siendo un desafío central. El ingreso promedio real de los trabajadores registrados se encuentra un 8% por debajo del nivel de 2017, mientras que los empleados informales perciben, en promedio, la mitad de ese valor. Las negociaciones paritarias han permitido cierta recomposición nominal, pero la inflación elevada sigue erosionando el poder adquisitivo y limitando el consumo interno.

A nivel regional, la heterogeneidad es marcada. En el área metropolitana, el empleo formal concentra el 63% de la población ocupada, mientras que en el norte argentino ese número cae al 38%. La falta de infraestructura, la baja inversión productiva y la escasa diversificación económica explican gran parte de estas disparidades, que se traducen en migraciones internas y en desigualdades persistentes en el acceso a oportunidades laborales.

El sector privado observa una tendencia creciente hacia la automatización y la adopción de tecnologías digitales. Un informe del BID señala que el 35% de las empresas argentinas incorporó algún tipo de herramienta de inteligencia artificial o analítica avanzada durante 2025. Aunque esto mejora la eficiencia, también plantea la necesidad de reentrenar al capital humano para evitar desplazamientos laborales en actividades de baja calificación.

La formación profesional aparece como un eje clave para el desarrollo del empleo de calidad. Programas de capacitación conjunta entre el Estado, las universidades y el sector productivo buscan fortalecer competencias técnicas y digitales en jóvenes y trabajadores en reconversión. No obstante, los especialistas advierten que la escala de estas iniciativas aún es insuficiente frente a la magnitud del desafío estructural.

De cara a 2026, el mercado laboral argentino enfrenta el reto de combinar estabilidad macroeconómica, innovación productiva y cohesión social. La creación de empleo formal y la mejora de la productividad dependerán, en última instancia, de la capacidad de sostener políticas consistentes de inversión, educación y competitividad. En ese equilibrio se juega buena parte del futuro del desarrollo nacional.

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