En los últimos años, el café dejó de ser solo una bebida para convertirse en una experiencia. Las cafeterías de especialidad, que ofrecen granos seleccionados, tostados locales y métodos de preparación poco tradicionales, se multiplicaron en las principales ciudades del país y empiezan a ganar terreno en localidades más pequeñas.
Según datos de la Asociación de Cafés de Especialidad, el consumo de este tipo de productos creció más de un 30% en los últimos cinco años. Los clientes ya no buscan únicamente “tomar un café rápido”: priorizan el origen del grano, el tipo de tostado y hasta el método de extracción, como el pour over o la prensa francesa.
“Hay una nueva generación que disfruta tomarse el tiempo para apreciar lo que bebe, igual que sucede con el vino”, explica Juan Fernández, barista y dueño de una cafetería en Rosario.
El fenómeno también tiene un costado social: estos espacios suelen funcionar como puntos de encuentro, con ambientes que combinan lo moderno y lo acogedor, y hasta organizan talleres para enseñar a preparar café en casa.
En un país donde la costumbre del café en la barra sigue firme, el auge del café de especialidad demuestra que incluso los hábitos más arraigados pueden reinventarse.






